En su infinita misericordia, Dios nos ha enviado su Espíritu Santo dándonos a cada uno de nosotros una gracia o regalo especial al que llamamos Carisma.

Estos carismas nos permiten prepararnos y disponernos para asumir y llevar a cabo un servicio que contribuya al crecimiento de la comunidad cristiana (Lumen Gentium, 12). Así, carismas particulares como la predicación, el auxilio a los enfermos, la contemplación, entre otros, son de mucho provecho para la iglesia y la salvación de sus miembros.

Dentro de la iglesia, existen agrupaciones de fieles que comparten, practican y ponen al servicio del Pueblo de Dios un mismo carisma.

El Instituto Secular Voluntas Dei, como Instituto de vida consagrada, reúne a los fieles que han sido especialmente llamados por Dios a una consagración en pleno mundo, para compartir, cultivar y experimentar un mismo carisma. Nuestro fundador lo expresó así:

Ser, a la manera de la Virgen de la Anunciación, el intrumento de Cristo quien vive la Voluntas del Padre en el realismo del momento presente, en pleno mundo, en todas parte donde Cristo tiene sus derechos.

Misterio de base

Un carisma de Instituto se refiere siempre a un aspecto del misterio de Cristo que ilumina y fundamenta la vida de los miembros que lo conforman. Para algunos institutos, el misterio base puede ser la Cruz redentora, la Eucaristía, la Maternidad espiritual de María, la Infancia de Cristo; en cuanto a nosotros, el misterio fundamental es EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO. El verbo de Dios es su palabra hecha carne en la persona de Jesucristo. De esta manera, nosotros queremos y permitimos que el Verbo de Dios, o sea Jesucristo, se encarne en nosotros para ser instrumentos de la Voluntad del Padre y dar testimonio de Él con nuestras vidas estando en comunión constante con el Padre y con nuestros hermanos en Cristo.

Al ser dóciles a la Voluntad del Padre, nos ofrecemos a Él como “humanidades suplementarias” con las cuales prolonga su vida en medio de los hombres, construyendo así el Reino de Dios donde se expresa su misericordia y amor para toda la creación. De este modo, los principales misterios de la Vida de Jesús (la Visitación, el nacimiento en Belén, la acogida de los pastores y de los magos, la circuncisión, la presentación en el templo, la huida a Egipto y la primera visita de Jesús al Templo) están profundamente ligados con la encarnación y precisan su contenido doctrinal: es un misterio de abajamiento de nuestro Dios, de acogida, de silencio, de servicio oculto, de sufrimiento y de ofrenda en lo cotidiano del momento presente.